Cuando no se avanza se retrocede.  Un enunciado que se cumple a raja tabla, al lanzar un cohete al espacio, éste aprovecha toda la potencia que le dá sus turbinas, mientras las tiene sigue elevándose y elevándose, una vez que las pierde se estabilizada para luego de un tiempo volver a caer.   Es menester, entonces, que estemos constantemente actualizándonos, participando en cursos que de una u otra forma perfilarán nuestro quehacer laboral. 

En muchas oportunidades, he escuchado decir que al fracaso se le llama ahora Experiencia, y que cuantos más fracasos se tenga, se irá adquiriendo una experiencia formidable y envidiable a los ojos de los demás.  Un concepto erróneo que riñe con la realidad y sobre todo con el concepto de Calidad.  La experiencia es acumulación de vivencias en su mayoría buenas que perfilan en gran medida el éxito de los individuos.

 El Conformismo

Personas que no encuentran sentido a la continuidad de su existencia, de seguir cosechando triunfos y glorias, de ir escalando en su status económico.  Se estancan en lo que ya son o tienen.  No tienen sueños de grandeza, de volar alto, de apuntar lejos. Son aquellas personas que han caído en la mediocridad de la existencia, en la que no hay senderos de éxito, ni ilusiones ni grandes retos que conquistar.

La Mediocridad

Realizar el trabajo en forma chabacana, a media tinta, sin esforzarse mucho, sin tener en cuenta los detalles que harán de ese trabajo una verdadera obra de arte, digno de mérito ante los ojos de Dios.  Los mediocres sobreviven, en el campo laboral, gracias al comportamiento adulador que muestran ante los superiores, se enquistan como cánceres malignos en las instituciones, a las cuales drenan poco a poco la sangre que debería vitalizar a todo un contingente de personas.

La Indiferencia

Si no afecta mis intereses no me importa. Un individuo que vale lo que una pulga a un perro, es decir nada, que solo está ahí para vivir y servirse de él.  No ven más lejos que de sus propias narices, no participan ni colaboran en nada para que una idea por muy insignificante que parezca brote y dé frutos e incluso en algunos casos se convierten en óbices para la siembra de ideas.  Personas que muestran una hipocresía, a tal grado que logran soslayar las barreras de control de calidad, para luego una vez adentro, convertirse en lastre para la institución.