Una bonita analogía que representa a los seres humanos que poco a poco van forjando un futuro profesional – los pichones no nacieron siendo águilas – empezando por la escuela, pasando luego por diferentes instituciones de formación, ya sean Academias, Institutos o Universidades, en las cuales va adquiriendo destrezas y conocimientos que irán moldeando su temple y fortaleza.

Cada año que pasa en nuestras vidas conlleva la adquisición de experiencias tanto personales como ajenas, en el trabajo, en casa, con los vecinos, con los amigos, con el personal de limpieza, con los administradores de cada uno de ellos podemos aprender.

Para poder emprender grandes vuelos o proyectos, como lo harían las águilas luego de haber cumplido con su proceso de crecimiento, debemos avanzar poco a poco, con paso sigiloso, respetando y preguntando a los que ya pasaron por estas etapas. 

Poco a poco con paso firme se hacen las grandes edificaciones, si apresuramos ese proceso natural e innato podríamos ocasionar el colapso de la estructura y tratándose de nosotros podríamos caer en el engaño, en un mundo ficticio, en un universo de ideas sin nada concreto y real.  Somos como pequeños cuculíes que poco a poco alzan vuelo, con reveces y caídas, pero siempre levantándose, hasta lograr surcar los aires con gran maestría y señorío.