ALGUNAS PRECISIONES SOBRE CELIBATO

Nuestra sociedad, proclive al escándalo mediático, vive de susto en susto o de salto en salto por las noticias que ocupan las primeras planas de los diarios o por las intervenciones de algunos “entendidos” que son entrevistados por la tele, y por los datos de las estadísticas que dicen reflejar la opinión de ciertas mayorías.El celibato, la obediencia y el amor (compromiso de amor)
En punto de conflicto no está en las exigencias del celibato o del matrimonio sino en la debilidad del hombre que no está bien preparado para cumplir con los compromisos nobles que exigen fidelidad. Tanto el que se casa como el que se compromete a vivir célibe por el Reino de los Cielos, necesita ser ayudado para que persevere en las exigencias de esos compromisos.Una tradición milenaria
La historia nos cuenta que desde antes de Cristo existían persona célibes por un afán noble de dedicación a Dios y de servicio. La Virgen María tenía esa intención hasta que recibió el mensaje del ángel. Entre los primeros cristianos, numerosos fieles corrientes recibieron el don del celibato y lo acogieron con alegría, siguiendo el modo de vida del Señor. Jesucristo fue célibe y recomendaba el celibato por en Reino de los Cielos. San Pablo también habla de las excelencias del celibato y la virginidad.Hemos recibido muchos comentarios y preguntas sobre este tema que resumiremos en el próximo artículo.

Así hemos pasado de los exagerados titulares de la gripe porcina al pavoroso incendio mediático ocasionado por las fotos impropias del P.Alberto y sus declaraciones desafortunadas, sobre el celibato sacerdotal.

Habría que decirles a nuestros amigos comunicadores que “una golondrina no hace un verano” Porqué cuestionar un tema tan valioso como el celibato por el problema que puedan tener algunos, es totalmente desproporcionado. Sería como cuestionar el matrimonio porque aumentan los divorcios.

 

El amor hay que cultivarlo y ordenarlo continuamente. Hay que anotar que cuando el Señor nos habla del amor pone al lado los mandamientos: mandato y obediencia. Ese es el marco del amor para todas las personas. El mundo que se opone a Dios quiere separar el amor de la obediencia. Como si amor fuera escaparse, romper, liberarse y no la atadura buena que da libertad y nos hace felices: el compromiso.

 

Desde los comienzos la Iglesia ha reconocido una particular conveniencia para el sacerdocio ministerial. Esta conveniencia se manifiesta en la disciplina eclesiástica sobre el celibato de diversos modos en el rito latino y en los ritos orientales. En la historia de la Iglesia florecen diversas formas de vida religiosa en las que “renuncian al mundo”, es una consagración a Dios por los votos de pobreza, castidad y obediencia, que “manifiesta el deposorio admirable establecido por Dios en la Iglesia, signo de vida futura” (CIC, c 607). Se puede concluir que el don del celibato puede estar al servicio de la vocación y misión propia de los fieles laicos (celibato apostólico), del sacerdocio ministerial (celibato sacerdotal) o de la vida consagrada, (celibato consagrado).

 
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