montana

El Papa en el pasado Ángelus nos ha llamado a buscar espacios de silencio y oración, todo esto dentro del tiempo de Cuaresma que como católicos, estamos viviendo.

El Papa sabe que Dios es un Dios de silencio. Jesús mismos se retiraba a la montaña a orar, para buscar silencio; sabe muy bien que si estamos rodeados de ruído, de gritos y tensión, difícilmente vamos a poder reflexionar, pensar, meditar, pero por sobre todo, orar.

santo-rosarioEl silencio es tan importante como no imaginamos. Cuesta encontrar muchas veces lugares apartados, donde podamos estar a solas con Dios. Incluso en nuestros mismos hogares: tenemos que convivir con más personas que no están buscando el silencio, al contrario, lo evaden. Televisores encendidos, música y gritos, parece imposible, así, oír a Dios…Y nosotros tampoco tenemos la suficiente valentía de buscar el silencio, queremos las cosas hechas.

El silencio no es un fin en sí mismo, sino un medio, el ambiente necesario para oír y ver a Dios. El ruido inmoviliza la conciencia, nuestra alma podriamos decir, se defiende de esta contaminación que puede ser hasta peligrosa, hasta llegar a asfixiarnos…

Pienso que el valor del silencio reside en que llegamos a lo más profundo de nuestro ser. ¿Y qué sentido tiene llegar a lo más profundo de nuestro ser? Llegamos a Dios, nos damos cuenta que nada somos y nada podemos por nosotros mismos, necesitamos del amor de Dios para vivir…

recogimientoEsto es fundamental porque es un gesto de humildad. La oración si no es humilde, no vale de nada. El humilde se reconoce pecador, de ínfimas fuerzas…Y le pide a Dios su amor, es decir, le manifiesta su total dependencia…Eso es auténtico amor…Porque así no vienen esos arranques de vanidad cuando, por ejemplo, pensamos que tal éxito o sacrificio es mérito nuestro. Poco a poco nos vamos poniendo soberbios sin darnos cuenta, hasta olvidarnos que sin la gracia de Dios estamos totalmente perdidos. Comprendemos que es Dios quien hace todo, y nosotros somos tan solo instrumentos de su Amor.

Cuando nos damos cuenta de esto, nuestra vida cambia radicalmente. Porque ya todo depende de Dios, la esperanza se suntenta en Él y no en espejismos humanos que solo traen tristeza e infelicidad.

De ahí el valor del silencio, un camino muy seguro para que con esfuerzo, redescrumbramos el sentido de la oración, que no es sino reconocer, en palabras de San Pablo: “Por la gracia de Dios soy lo que soy” (1º Cor 15,10)