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Dadas las dramáticas cifras acerca que hablaban (y siguen hablando) de una espantosa cantidad de infectados, en el año 1988, la Asamblea General de las Naciones Unidas determinó que en todo el mundo el día 01 de diciembre de cada año se celebre el Día de la Lucha contra el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida, conocido popularmente como S.I.D.A. En sintonía con esta propuesta, diversos gobiernos y organizaciones no gubernamentales impulsaron campañas de todo tipo para divulgar las formas de contagio de esta terrible enfermedad para que la gente vaya concientizándose de todos los factores de riesgo a los que se está expuesto. En una primera etapa, la mayoría de las campañas tuvieron algún efecto positivo en el sentido de que el SIDA pasó a ser un tema importante en distintas sociedades. Ahora bien, lo cierto es que, a pesar de la sobreabundancia de información acerca de este flagelo que padece la humanidad entera, los casos de SIDA siguen aumentando preocupantemente. En nuestro querido país, parece que los funcionarios públicos cumplen con su parte repartiendo algunos folletos y preservativos, promoviendo el análisis de HIV. Es evidente que lo que se necesita es educación: no basta la información, hace falta formación de la gente. No faltan los que hablan de que el sexo es un tema tabú para ciertos sectores de la sociedad. Personalmente, observo que lo que se ha convertido en tabú en nuestra sociedad es el AMOR: muchos le temen al amor, muchos temen jugarse por el amor, muchos temen entregar la propia vida por amor, muchos temen sufrir por amor. Da la impresión de que se tiene miedo de abordar esos temas tan fundamentales como controversiales en toda sociedad. Entonces, al haber tanta desconfianza en las relaciones humanas por tantos corazones rotos, las relaciones tienden a volverse superficiales hasta descartables. Dada la poca profundidad de los vínculos afectivos y la falta de educación para el amor, la promiscuidad (factor que favorece la transmisión del SIDA y muchas Enfermedades de Transmisión Sexual) está a flor de piel en gente de todas las edades. La sexualidad, algo tan bello y noble de la naturaleza humana queda degradado a la genitalidad, como si fuéramos todos presos de nuestros instintos. Vivimos en un ambiento muy erotizado por momentos: conversaciones, pensamientos y diversiones giran en torno a lo lujurioso. Creo que para luchar sinceramente contra el SIDA, los seres humanos necesitamos replantearnos cuestiones fundamentales de la vida misma. No basta con ponerse un forrito que te regala el Estado o alguna otra entidad. Ante el dramático crecimiento del SIDA, debemos reflexionar acerca de la propia autoestima, acerca de la calidad de las relaciones humanas, acerca del valor que tiene la sexualidad en el ser humano, acerca del propio dominio de las pasiones carnales. Solo siendo tomando el timón de nuestra barca es que podremos tener una buena herramienta para prevenirnos del SIDA.