…o más bien un periodista malvado. Se me ocurrió por algunos hechos que se parecen a tantos hechos que ya casi no se distinguen…
1. Invente una versión sobre alguien, por ejemplo que es ladrón. Búsquele un enemigo y véndasela.
2. Pregúntele al interesado si le parece que su versión es verdadera. Dirá que no. Esta respuesta corroborará la versión de usted ya que un ladrón jamás admite que lo es.
3. Ante la indignación ponga cara de madurez. Su cinismo parecerá imparcialidad.

 

4. Si le pegan trate que sea ante cámaras así podrá llorar denunciando este atropello a la libertad de expresión.

 

5. Si el interesado muestra pruebas legales de la integridad de su proceder, diga que es la “versión” de él y no la verdad. Y si esa integridad es muy clara, hable de posibles presiones que el interesado ejerció sobre la autoridad.

 

6. Use los verbos de forma potencial: “sería” en lugar de “es”; “tendría” en lugar de “tiene”, “habría” en lugar de “hay”. Así, no tendrá que probar lo que usted “afirmaría”. Además, si por remota casualidad, una denuncia por lesión a la honra ajena prospera, siempre podrá escapar diciendo que usted no lo dijo, sólo expresó la posibilidad.
7. Cuando algo no favorece su versión use la palabra “controvertido”. Nunca falla para dar idea de falso. Nadie pensará que su misma versión es de por sí “controvertida”. Además, en rigor ser controvertido siempre será cierto. Si mil sabios dicen una verdad, y un ignorante los contradice, la “versión” de los sabios se podrá calificar de “controvertida”.

Usted se sentirá agudo y perspicaz, un gran hombre de prensa, hasta es probable que alcance fama… lo único lamentable es que se habrá convertido uno de esos cobardes que según la célebre frase puede convertir al periodismo en el más vil de los oficios. Por eso le recomendamos encarecidamente no seguir estos siete pasos.