¡Vaya por Dios! ahora lo que les preocupa, agobia, confunde a nuestros gobernantes, son los crucifijos. Verdaderamente, cuando el “diablo no sabe que hacer con el rabo mata moscas”.

Molesta que se ponga una placa en la fachada donde nació una Santa, molesta que haya signos religiosos en los colegios, ¿no llegará el momento en que nos tengamos que quitar las medallas y crucifijos, cuando entremos en un centro público?  Todo se andará.

La verdad es que las cosas deben ir rematadamente mal. No se si por la crisis, falta de agua, o porque hay poco que hacer, pero que, en estos momentos por los que estamos pasando los españoles, resulte un peligro que estén los crucifijos en los centros educativos, es de risa además de una contradicción y una ironía. ¿De qué tienen miedo? No son los signos cristianos los que nos acechan. Son los fantasmas personales, cuando no se saben manejar y necesitamos personalizarlos en algo para darles forma.

Quiero recordarles que esos mismos signos llevan más de veinte siglos conviviendo con nosotros en el mundo entero y han sobrevivido a situaciones más agresivas y, a pesar de todo, siguen existiendo y van a seguir existiendo. No creo que sea el momento de distraerse y distraer al personal, necesitamos concentrarnos en solucionar nuestro día a día, en fortalecer el sistema económico, por lo menos, que nos permita tomarnos las uvas ( es un acto pagano, no tengan miedo).

En fin, amigos, fuera miedos, pongan tranquilamente el Belén en sus casas, plazas y calles, que no es el Niño Jesús el enemigo.