“Os doy un mandamiento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también vosotros”. (Jn 13,34-35)

 Así de claro. Y así de conciso. Nada de andar por las ramas. El verdadero signo del cristiano es el amor al hermano. El amor es nuestra identidad. Se nos conocerá por el amor. Se nos identificará por el amor. El amor como expresión de nuestra fe. El amor como esencia de ser Iglesia. San Pablo sacará una conclusión tajante: “Si no tengo amor, nada soy”. Puedo tener ideas bonitas, si no tengo amor, de nada me sirven las ideas. Si en la Iglesia no hay amor, de poco o nada valen sus estructuras y sus teologías. Lo que nos salvará será el amor. Lo que nos dará identidad será el amor.           

Pero en el amor también hay “herejías”, las “herejías del corazón”. Si las herejías de la cabeza son herejías de las ideas y de las verdades, las herejías del corazón son herejías del amor.

¿Es que el amor no tiene herejías?

Todo lo que deforma la verdad y el dogma lo llamamos “herejía”.  ¿Y no es también herejía todo aquello que deforma el amor?  También se puede entender mal el amor.  También el amor tiene un sin fin de deformaciones.

El egoísmo, herejía del corazón.

¿Hay algo que deforme tan radicalmente el amor como el egoísmo?  Amar es darse. El egoísmo es sólo recibir. Amar es pensar en los demás. El egoísmo es pensar sólo en uno mismo.

Amar es abrirnos a los demás. El egoísmo es cerrarnos sobre nosotros mismos. Es decir, nos amamos a nosotros mismos. Claro que sí. Pero nos amamos a nosotros mismos y estamos llamados a amar a los demás. El amor tiene siempre como objetivo al otro, a los demás.

Y encerrarse sobre uno mismo renunciando a darnos a los demás, es como encerrarnos en nuestras propias ideas y rechazar las del otro.

El individualismo, herejía del corazón.

Pensar sólo en mí, sin que me preocupen los demás. Es una herejía o deformación del amor. Pensar sólo en uno mismo, y no enterarse de los que están a nuestro lado. Es una herejía del amor. Pensar sólo en la propia felicidad, es olvidarnos de la felicidad de los demás. Es una herejía del amor. O como decía A. Camus, “no es vergonzoso ser feliz. Lo vergonzoso es pensar sólo en la propia felicidad”. 

El poder, herejía del corazón

Dominar a los demás, es una herejía del amor. Someter y esclavizar a los demás, es una herejía del amor. Destruir a los demás para sentirme superior, es una herejía del amor. Privar de la libertad a los demás, es una herejía del amor. Hacerse dueños de los demás, es una herejía del amor. Acaparar privando de los demás de lo necesario, es una herejía del amor.

La falta de compromiso, herejía del corazón

Ver las necesidades del otro y cerrar los ojos, es herejía del amor. Ver las necesidades de los demás y “dar un rodeo” para no encontrarme con él, es herejía del amor. Ver que alguien tiene hambre y no dar un pedazo del pan que nos sobra, es herejía del amor. Ver que se condena al inocente y no dar cara, es herejía del amor. Ver que la simple sospecha mete en la cárcel al inocente, y no decir nada, es herejía del amor.

La pobreza, herejía del corazón

Que unos lo tengan todo, y otros no tengan nada, es herejía del amor. Que unos acaparen dejando sin lo necesario a los otros, es herejía del amor. Que unos despilfarren lo que tienen, y otros se mueran de hambre a su lado, es herejía del amor. Que veamos la miseria de gran parte de la humanidad, viviendo en condiciones infrahumanas, y no seamos capaces de cambiar nuestros sistemas económicos, es herejía del amor.

Benedicto XVI escribió:

“En la comunidad de los creyentes no debe haber una forma de pobreza en la que se niegue a alguien los bienes necesarios para una vida decorosa”. (Dios es Amor,  n.20)

“En esta familia no debe haber nadie que sufra por falta de los necesario”. (id. 25 b)

Los herejes de la cabeza han recibido muchas condenaciones, incluso por parte de la Iglesia.

¿Alguien ha condenado las herejías del corazón contra el amor?

Muchos herejes de la verdad y del dogma han sido excluidos de la Iglesia. ¿Alguna vez se ha excluido de la comunidad a los herejes del corazón y del amor? ¿Alguien ha sido excluido de la comunidad por ser egoísta y no compartir?  ¿Alguien ha sido excluido de la comunidad por empobrecer a los demás?

Muchos herejes de la verdad han terminado en la hoguera. Todavía no conozco a nadie que haya sido quemado por no amar o amar mal. ¿Es que las herejías contra la verdad son más importantes que las herejías contra el amor? Si me atengo al Evangelio, Dios no nos va a juzgar tanto de nuestras ideas cuanto de nuestro amor. ¿No dice Jesús que todos los Mandamientos de la ley se reducen a dos: Amar a Dios y amar al prójimo? ¿Y no nos dice el Evangelio de hoy que “la señal por la que nos conocerán todos que somos discípulos suyos será que nos amamos los unos a los otros”? No nos conocerán por nuestras ideas y verdades. No nos conocerán por nuestra cabeza. Nos conocerán por nuestro corazón, por nuestro amor.

Oración

Señor: sabemos que la verdad es importante. Pero tengo que reconocer que para ti, mucho más importante es el amor. Tengo que reconocer que la gente no nos identificará por nuestras verdades. Pero todos nos identificarán por el amor con que nos amamos. Es fácil dar ideas, compartir ideas. Pero ¿compartimos de verdad el amor? Te pido, Señor, que ilumines nuestras mentes para no caer en el error. Pero, sobre todo, que limpies nuestro corazón para que sepamos amar como tú nos amaste. Que conviertas nuestro corazón. Que nos regales un corazón como el tuyo. Porque el mundo te reconocerá a ti y a nosotros, si amamos de verdad. Amén.