No hay estadísticas precisas, pero el éxodo de católicos hacia los más variados grupos religiosos proselitistas está en franco crecimiento. Unos 40 millones de católicos han dejado nuestra Iglesia. ¿Por qué se van con tanta facilidad? Al parecer nuestra catequesis, más que formar debidamente al católico, parece una escuela de desertores.
¿Qué les proporcionan a los católicos, que los sacan de la Iglesia donde han crecido y en la cual han recibido los sacramentos? He aquí un intento de solución, en espera de mayores profundizaciones:
  1. Un encuentro personal con la Biblia, con la Palabra de Dios, pero de manera vivencial, no meramente académica.
  2. Una cierta experiencia de Dios, buscada sistemáticamente.
  3. Una entrega personal a Cristo, al que llegan a reconocer y aceptar explícitamente como el único Salvador y el único Señor.
  4. La pertenencia a una comunidad cristiana, donde es atendido de manera personalizada por un pastor, que lo conoce y se preocupa por él.
  5. La posibilidad de participar activamente en el apostolado. Cada uno se siente misionero, co-responsable de la Gran Comisión encomendada por Jesús a sus discípulos (Mc 16, 15; Mt 28, 18-20).
  6. Una aparente respuesta bíblica a las supuestas “desviaciones” católicas, tales como el uso de imágenes religiosas, la confesión con un sacerdote, la devoción a María y a los santos…
  7. Un entrenamiento y una vivencia de la oración desde el primer encuentro, en un clima de confianza.
  8. Cercanía en situaciones límite: enfermedad o muerte de un ser querido, problemas económicos, etc.
El P. Flaviano Amatulli Valente, fmap, ha hablado desde hace años de las cinco banderas de la Iglesia Católica, es decir, cinco ideales y actitudes que explican el crecimiento de la Iglesia en sus primeros siglos de existencia, y que en la praxis actual hemos descuidado: La Palabra de Dios es para todos; la experiencia de Dios es para todos; la entrega personal a Cristo es para todos; la vida en comunidad es para todos y la misión es para todos. Como pueden ver, son las primeras cinco de nuestra lista.
Pues bien, el Documento de Aparecida, las presenta de esta forma:
“Hemos de reforzar en nuestra Iglesia cuatro ejes:
  • a) La experiencia religiosa. En nuestra Iglesia debemos ofrecer a todos nuestros fieles un “encuentro personal con Jesucristo”, una experiencia religiosa profunda e intensa, un anuncio kerigmático y el testimonio personal de los evangelizadores, que lleve a una conversión personal y a un cambio de vida integral.
 
  • b) La vivencia comunitaria. Nuestros fieles buscan comunidades cristianas, en donde sean acogidos fraternalmente y se sientan valorados, visibles y eclesialmente incluidos. Es necesario que nuestros fieles se sientan realmente miembros de una comunidad eclesial y corresponsables en su desarrollo. Eso permitirá un mayor compromiso y entrega en y por la Iglesia.
 
  • c) La formación bíblico-doctrinal. Junto con una fuerte experiencia religiosa y una destacada convivencia comunitaria, nuestros fieles necesitan profundizar el conocimiento de la Palabra de Dios y los contenidos de la fe, ya que es la única manera de madurar su experiencia religiosa. En este camino, acentuadamente vivencial y comunitario, la formación doctrinal no se experimenta como un conocimiento teórico y frío, sino como una herramienta fundamental y necesaria en el crecimiento espiritual, personal y comunitario.
 
  • d) El compromiso misionero de toda la comunidad. Ella sale al encuentro de los alejados, se interesa por su situación, a fin de reencantarlos con la Iglesia e invitarlos a volver a ella.” (Documento de Aparecida 226).
¿Qué esperamos para iniciar de manera sistemática y consciente la recuperación de estos grandes ideales, que nos permitan la atención personalizada de todo bautizado?