Un día San Juan Bosco, al ver a su joven discípulo Domingo Savio, que jugaba muy entretenidamente con sus compañeros, lo llamó y le dijo: “Domingo, si te dijera que dentro de una hora vas a morir, ¿que harías?”
El joven respondió: “Seguiría jugando”.
Esta es la actitud correcta que debemos tener los cristianos, puesto que muchos levantan su voz profetizando que ya está cerca el fin del mundo.
Cuando Jesús vio a sus discípulos demasiado interesados en conocer, si aquel era el momento escogido por Dios para establecer el Reino, les dijo: “A vosotros no os toca conocer el tiempo y el momento que ha fijado el Padre con su autoridad, sino que recibiréis la fuerza del Espíritu Santo, que vendrá sobre vosotros , y seréis mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra”. (Hch. 1, 7-8).
Jesús no nos envió por el mundo para que hicieramos predicciones o diéramos avances noticiosos con respecto a los acontecimientos finales; nos envió para ser sus testigos anunciando con palabras y señales el Evangelio, respaldados con el poder del Espíritu Santo. (cf Mc 16, 15-20).
Cuando habló del final de los tiempos, dijo bien claro cuál debería ser la actitud de sus discípulos en ese momento. “Por eso, también vosotros, estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre.
¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, a quien el Señor puso al frente de su servidumbre para darles la comida a su tiempo? Dichoso aquel siervo a quien su señor, al llegar, encuentre haciéndolo así. Yo os aseguro que le pondrá al frente de toda su hacienda. Pero si el mal siervo aquel se dice en su corazón “Mi señor tarda” y se pone a golpear a sus compañeros y come y bebe con los borrachos, vendrá el señor de aquel siervo el día que no espera y en el momento que no sabe, le separará y le señalará su suerte entre los hipócritas, allí será el llanto y rechinar de dientes. (Mt 24, 44-51).
El Señor al volver no quiere encontrar siervos bien informados que le digan “Ya sabíamos que ibas a venir”, mucho menos a siervos asustados por lo que dicen que va a suceder. Lo que espera es encontrar a siervos ocupados trabajando, dedicados a realizar la obra que les encomendó.
La Iglesia debe dirigirse con una súplica más sentida al Espíritu Santo, implorando de Él la gracia de la unidad de los cristianos. Es este un problema crucial para el testimonio evangélico en el mundo.
Podemos concluir diciendo: Amar con un amor que busca el acercamiento, la unidad, el servicio para con los hermanos, es la mejor manera de estar preparados para el día en que seamos llamados a rendir cuentas delante del trono de Dios.
San Juan dice que si amamos al hermano, debemos echar fuera el temor y esperar confiados el día que nos juzguen.